Uma escaramuça em terras de Riba Coa, 1642 – por Juan Antonio Caro del Corral

Enquanto os afazeres profissionais não me deixam actualizar o blogue com a regularidade desejada, aqui vos deixo mais uma interessante colaboração de Juan Antonio Caro del Corral – originalmente um comentário a esta entrada, mas que merece o devido destaque em artigo próprio. Os meus agradecimentos ao Juan Antonio, especialista na investigação histórico-militar da fronteira da Beira. Em breve darei mais um contributo sobre esta fronteira, com a colaboração do estimado leitor JCPort, que teve a amabilidade de me endossar alguns documentos, e a quem aproveito para agradecer.

UNA ESCARAMUZA EN TIERRAS DEL RIBACOA

1642 fue un año muy pródigo en sucesos militares. Salvo en algunas ocasiones puntuales, que obligaron a que el número de tropa reclutada alcanzase notabilidad, la mayor parte de los acontecimientos no fueron más que pequeñas incursiones enmarcadas en la denominada “guerra de frontera”, dónde el pillaje primaba sobre cualquier otro objetivo. Así, las pretensiones no eran conquistar pueblos y aldeas, sino que lo verdaderamente interesante era obtener un cuantioso botín, el cual se repartiría posteriormente entre todos los implicados en el ataque, atendiendo, como es lógico, a su categoría dentro del estamento militar.

Estas acciones, llamadas unas veces “de course”, en otras “escaramuzas”, o simplemente “de castigo”, al desarrollarse con frecuencia, producían un doble efecto en quienes más directamente las sufrían: los vecinos de los lugares atacados.

Por una parte éstos veían mermadas sus pertenencias, que eran robadas e incendiadas por los agresores; y en segundo lugar, la moral también decaía considerablemente, pues apenas había tiempo de recuperación entre un ataque y el siguiente. En definitiva, consecuencias físicas y psicológicas.

Un claro ejemplo de estas incursiones y sus resultados negativos,  fue la realizada sobre Villanueva del Fresno en el citado 1642, cuyo desarrollo ha sido debidamente tratado en uno de los capítulos de este blog histórico-militar. Pero, como dijerá párrafos atrás, ése no fue el único acontecimiento de aquel año.

Bajo las pautas que caracterizaban a las escaramuzas y que ya han quedado expuestas anteriormente, poco después del suceso de Villanueva, tuvo lugar un hecho que causó gran conmoción al ser debidamente publicitado tras su conclusión. Tuvo lugar en tierras de la Beira Alta, concretamente en la comarca llamada popularmente Ribacoa.
Limitaba esta zona con la frontera mirobrigense, gobernada por el Excelentísimo señor Duque de Alba. Este general llevaba ya un tiempo meditando una entrada en campo enemigo, sobre todo porqué, en los meses precedentes, los lugares de su jurisdicción más próximos a la Raya divisoria (Aldea del Obispo, Fuentes de Oñoro, La Fregeneda….)  habían sido objeto de duras acciones represivas por parte de los portugueses de la mentada región beirense.
Así pues, era opinión del Duque lanzar un ataque en venganza del daño recibido.

Combinando sus movimientos con los realizados por otras tropas de la frontera pacense, que a su vez tenían intención de atacar en la frontera sur al objeto de dividir a las posibles fuerzas defensoras lusitanas y facilitar con ello el éxito del de Alba, mándo éste reunir un potente ejército poniendolo a las órdenes de sus dos mejores oficiales: Juan Suárez de Alarcón, más conocido por su noble título de Conde de Torresvedras, y Alvaro de Vivero, mano derecha principal del Duque.

Así, con 1200 infantes y 500 caballos, más otras gentes procedentes de Valladolid y Salamanca, se pusieron en camino ambos comandantes el día 17 de octubre de 1642.

Cruzaron la frontera por los vados situados junto a la localidad de San Felices de los Gallegos, encontrándose frente a su posición una vasta campiña cuajada de alquerias, aldeas y villas que, desconociendo el peligro que sobre ellas se cernía, tenían sus campos, ganados y haciendas totalmente descuidadas. Sin duda un inmejorable botín para los castellanos.

Comenzo la escaramuza sin hallar oposición. Dividióse al efecto en dos grupos el ejército invasor. Uno atacó la banda derecha y el restante la izquierda.

Escarigo, lugar de apenas 200 vecinos y con sólo un retén de 60 soldados, fue el primero en conocer la rapiña de los hombres comandados por el Marqués de Creche, comisario general de la caballería castellana. Del incendio se salvó unicamente la iglesia.

Siguieron la estela de Escarigo las villas de Vermiosa, Almofala, Colmeal y Torre dos Frades. En esta última hicieron noche para descansar y reponer fuerzas la gente de Torresvedras y Vivero.

A la mañana siguiente, 18 de octubre, continuó la cabalgada saqueándose el poblado llamado Mata de Lobos, dónde dieron muerte a ocho vecinos que huían cargados de ropa, pan, vino, trigo y otros enseres.

Para entonces los únicos que se habían atrevido a detener la invasión fueron unos jinetes procedentes de la plaza amurallada de Castel Rodrigo, aunque no tuvieron fortuna en su intento, teniendo que retirarse al galope.

El ejército castellano, pese a todo, no se detuvo, y se presentó al mediodía ante las puertas de Escalhao, sin equivoco la población más importante y rica de cuantas se habían hallado en su avance.

Toda la vecindad (más de 600 personas), ante el aviso de que llegaba el invasor, estaba recogida en la iglesia, convertida en una auténtica fortaleza. Fue responsable de la defensa de la misma el sargento Joao da Silva Freio, al mando de 35 soldados.

Soportaron el asedio castellano muchas horas; incluso acabaron con la vida de varios militares. Cuenta la tradicción escalonense que un hombre del lugar, de nombre Janeirinho, armado de valor y coraje, enfrentándose a un capitán que pretendía entrar en el reducto religioso, logró acabar con la vida del agresor al tiempo que gritaba enardecido”… Viva o Janeiro com a sua porra…”.

Leyendas aparte, lo cierto, según los documentos conservados, es que los castellanos, viendo la imposibilidad de tomar la iglesia y faltándoles munición y víveres para seguir su correría, optaron por finalizarla, regresando aquella misma tarde a sus cuarteles de Ciudad Rodrigo.

Consigo llevaron muchas cabezas de ganado, gran bulto de ropa, utensilios varios y otras menudencias que la soldada obtuvo en los saqueos de los pueblos atacados.

Habían vengado de esta forma las afrentas recibidas, satisfaciendo los planes del Duque de Alba. Objetivo cumplido.
Así fue y así terminó una de las muchas acciones de guerra que tuvieron como escenario a la frontera extremeña-portuguesa. Era sólo el segundo año de conflicto, y quedaban aun por cumplirse veintiséis campañas más.

Pero eso es otra historia.

JUAN ANTONIO CARO DEL CORRAL

Imagem: “Escaramuça de cavalaria”, por Pieter Meulener.

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