A tomada da praça de Juromenha por D. Juan José de Áustria em 1662

IMG_8628Transcrição da carta enviada por D. Juan José de Áustria, filho natural de Filipe IV e capitão-general do exército da Extremadura, narrando a conquista da praça de Juromenha na campanha de 1662. Desdobraram-se as abreviaturas e separaram-se algumas palavras, mantendo-se no resto a grafia original. Documento existente no Archivo General de Simancas (cópia do original) e que me foi facultado pelo estimado amigo Julián Garcia Blanco, a quem deixo aqui o meu agradecimento.

Señor

El deseo de adelantar à Vuestra Magestad la noticia de la rendicion de Jurumeña no medio lugar a escrivir à Vuestra Magestad mas de dos renglones de mi mano con el Correo que despache ahoy ocho deste en los quales di a Vuestra Magestad el aviso y la nueva buena de quedar sus Reales Armas dentro della. Remitiendome à otro Correo que seguíria ha aquel, ahora la repito a Vuestra Magestad y pongo de nuevo a sus pies mi gozo, suplicando à Vuestra Magestad se sirva de tener presente en las ocasiones que se ofrecieren el merito que generalmente han hecho en esta los Cabos y oficiales de este ejercito, y a si mismo mandar que las rogativas que se hacian a nuestro Señor y a su Madre Santísima por este subceso se trueguen en rendidas gracias por lo que nos ha favorecido en el, siendo unica  obra de su misericordia y no de los medios humanos la dicha y brevedad con que se ha logrado; y parando a dar cuenta a Vuestra Magestad de los ultimos movimientos que hizo el enemigo y de las circunstancias con que se entrego esta Plaza, digo Señor, que se detuvo dos dias en el puerto que a quatro deste avise à Vuestra Magestad havia ocupado llevando en ambos la peor parte, asi en las escaramuzas que se trabaron como en el daño que la Artilleria de nuestra linea le hizo que fue considerable segun refirieron los rendidos, y si bien luego que llego àquel paraje comenzo a fortificarse y ha hechar gente sobre Guadiana se devio de desengañar presto de poder socorrer por alli la Plaza, por que el dia cinco marcho sobre su costado derecho siempre ativo de cañon de las lineas, y aquella noche se campo a la mesma distancia dellas, medio legua mas hacia el camino de Villavicíoza, a seis proseguio la marcha en la propria forma, y hizo alto sobre el mesmo camino. Y este dia (quizas por mostrarnos su brio ante alejarse mas) intento cargar nuestras guardias de Cavalleria con algunos Batallones, pero haviendolas yo reforzado se trabo una muy viva escaramuza, en que con poca perdida nuestra dejo muertos en la Campaña dos Capitanes de Cavallos, otros tres ò cuatro oficiales de cuenta, y algunos soldados, con que se separaron bien escarmentados de su solier. Y el dia siete hizo un pequeño movimiento por el camino de Villabicioza en que (si bien quedó siempre a nuestra vista) descubrió conocidamente la intencion de retirarse, y voló una casa fuerte que nosotros tubimos ocupada hasta que nos dio vista, a mi me parecio con esto no dilatar el hacer llamada al Governador, advirtiendole la retirada de su ejercito, y que no se le admitiria a ninguna capitulacion si aguardva a que se volasen las minas que estavan cargadas (si bien en la verdad por ninguno de los ataques haviamos todavia llegado devajo de los valuartes, por que conta continua lluvia, de fuegos artificiales, bombas, granadas, piedras, y barriles de Polbora que hechavan en el foso nos imposivilitaron totalmente el pasarle por en cima de la tierra, haviendonos quemado dos ò tres veces las galerias que se havian comenzado à hacer, con que fue preciso enterrarse por todos tres ataques, y la calidad del terreno del foso era tan fuerte que huvieramos sin duda tardado mas de otros ocho dias en de atraversarle y hacer las minas aun que por el de los Españoles no faltaria yamas de una baza para llegar al pie del baluarte), respondio el Governador, pidiendo termino de cuatro horas para juntar sus oficiales, y haviendosele dado, me embio con uno sargento mayor de la Guarnicíon el papel de demandas que va incluso numero primero, pero haviendole negado todas que me parecieron exorbitantes se ajustaron y cumplieron las capitulaciones que contiene la copia numero segundo, de que espero se dará Vuestra Magestad por servido, pues a vista de los enemigos se logró el quitarles por esta campaña un cuerpo viejo y tan considerable de Infanteria como el que Vuestra Magestad reconocera por el papel numero tercero, cuya calidad puedo asegurar à Vuestra Magestad era tan ygualmente buena que a mi y a todos los que la vimos salir nos dejó admirados, y el Governador afirmó que habian tenido mas de quatrocientos muertos. Y que quando llegué aqui con el ejercito se hallara con dos mil quatrocientos Infantes efectivos y cincuenta cavallos, lo que han dejado tocante a Artilleria, petrechos, municiones y viveres va en las dos relaciones numero quarto y quinto, y se tienen algunos indicios de que antes de capitular hecharon en el Rio muchas cantidades de todo; yo he encargado el  Govierno de la Plaza, mientras Vuestra Magestad manda otra coza, al Maestro de Campo Don Fernando de Escovedo que creo dara buena quenta del, y ahora se estan reparando las ruinas mas principales que nuestra Artilleria, Bombas e ataques han hecho en ella que son tantas, particularmente en las obras esteriores que seran menester mas de ocho ó diez dias para acomodarlas de prestado, deshacer las lineas y ajustar todo lo necesario para podernos apartir de aqui; el enemigo se halla oy en Villabicioza, haviendo comenzado en ella unas obras nuevas, y nuestra Cavalleria fue ayer a forrajear hacia Ielves [Elvas], hadonde quemo algunas casas, y trajo cantidad de granos, sin que en estos viajes padezca, como Vuestra Magestad fue servido insinuarme en despacho de dos deste, por que de mas desea ya la parte mas cerca de todos estes contornos donde hay forraje se consigue aun mismo tiempo el sustentarla, y poner en gran desconsuelo a los de Yelves biendo perder su cojecha sin que la vincidad de su ejercito baste a asegurarsela, por lo cual me dicen que tres ó quatro dias a havido algun ruido dentro de la ciudad; esto es todo lo que hasta hoy se ofrece digno de la Real noticia de Vuestra Magestad cuya C. R. P. Guarde Dios como deseo y emos menester. Campo de Jurumeña à 12 de Junio de 1662. Don Juan

Fonte: Archivo General de Simancas, Negociado de Guerra, Leg. Num. 2000, carta de Juan José de Áustria, de 12 de Junho de 1662.

Imagem: Juromenha na actualidade. Foto de JPG.

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O cerco de Vila Viçosa (9 a 17 de Junho de 1665), segundo um manuscrito coevo – 3ª e última parte

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Aos 16 se deu por nova que o nosso exército se acabava de perceber, com ele levantaram as barracas de um para outro posto, não cessando a cavalaria pelos olivais nem a infantaria pelos montes, aplicando-se a fazer trincheiras. A bateria deste dia se acendeu de modo que referirá o sucesso, porque chegando-lhe socorro de novo de cavalaria e infantaria, a quiseram festejar, com mandar o Marquês que a estacada se levasse a escala vista. Para isso avançou pela uma hora do dia o terço que estava de guarda pela mesma parte do pelourinho com feixes de faxina, tão denodadamente que chovendo sobre eles as balas, com um abrir de olhos já não parecia a estacada, porque se tinham coberto de faxinas junto a ela. Neste tempo bradamos pela Senhora da Conceição, fazendo-lhe muitos votos com os religiosos de São Paulo, porque dávamos a estacada por perdida, senão que sobre ela se levanta um Português, descoberto da cintura para cima, com a espada na mão com que afastava a faxina, e em a outra uma rodela com que aparava os golpes, bradando: “Aqui filhos! Aqui filhos!”, os quais logo o socorreram com partazanas, [e] panelas de fogo, e em pouco espaço de tempo vimos rodando os castelhanos pela escarpa da estacada abaixo, que era um prodígio vê-los cair.
Pelas 6 horas do mesmo dia 16, havendo sentimento em palácio da retirada, quiseram emendar o passo, tendo-se já chegado os valados de terra e atacado uma mina a estacada; lançando-lhe fogo rebentou para trás, de que lhe morreu muita gente. Mandou então o general que se dessem de novo 3 avançadas; concorreu inumerável gente de toda a sorte, levando cada um seu feixe, não já de oliveira, porque ardiam, mas de parras, castanheiros, buxos, murtas, troviscos e outras coisas verdes, o que tudo notamos por nos passar pela porta. Deu-se a primeira avançada ao diamante da praça e ao mesmo tempo se deu outra a brecha do muro velho, com tal ímpeto que logo se fizeram senhores de uma e outra coisa. Muitos saltaram logo na primeira cava mas não saíram, porque os nossos de cima dos baluartes os abrasaram com fogo. Cobriram-se os mais com faxinas junto à estacada, mas os nossos se retiraram às cortaduras delas defendendo a cava para que não entrassem. E como os Castelhanos estavam por aquela escarpa em uma esquina, pelas costas lhe tiravam os nossos da Torre do Relógio, e do lado esquerdo, de cima do muro velho, com que receberam grande dano.
Os da brecha se fizeram senhores do posto até o templo da Conceição, aonde até a sepultura dos mortos revolveram. Em este tempo se dava a terceira avançada pela parte da Esperança e tiveram o mesmo sucesso, porque pela muita gente que lhe morresse, era mais a que avançava. Durou a contenda perto de 5 horas, sem sossego, e durou toda a noite a bateria; as bombas que lançavam dentro eram sem número e poucas caíam fora, houve muita festa em palácio com esta nova, se bem não ignoravam que lhes restava muito que vencer para renderem a fortaleza. O nosso governador e dois mestres de campo ficaram feridos aquela noite, e na mesma noite levantou facho o governador do castelo, Manuel Lobato [Pinto], por ser sinal que tinha dado ao sr. general de ser rendida a estacada.
Pela manhã de 17 do mês houve cessação de armas por espaço de meia hora, por mandar um bolatim o Marquês, dizendo que a bom partido se rendesse, porque já não tinham água. Mandou-lhe em resposta que tinham, além do poço, uma cisterna grande de água muito fresca, que podiam repartir com sua excelência, que lá havia gente muito brava que se não havia de render nem com a morte. Continuou-se a bateria frouxamente. Começou seu exército sair a campo, pelo que entendemos ser chegada a nossa gente. Quando pelas 9 horas do dia começámos a ouvir a nossa artilharia, logo retiraram a bagagem a toda a pressa, como quem não andava em si pelas novas que da batalha lhe vinham. Daí a nada os vimos vir fugindo descompostamente, mandaram ordem a 3 terços que tinham ficado com os ataques que se retirassem; e eles o fizeram de tal sorte, que os nossos de cima do baluarte lhe davam vaias, e saindo fora da estacada como leões, os trouxeram às cutiladas pelas ruas abaixo, não dando quartel a ninguém. E logo entraram em a igreja de Bartolomeu e em outras casas onde os Castelhanos tinham estado e acharam muitas riquezas; e com isto se deu fim a este sítio. Morreram dos nossos 23 ou 24 homens. Os feridos passaram de 300, entre soldados, mulheres e meninos; na mesma tarde entraram os senhores generais vitoriosos em esta vila, tendo saído em o mesmo dia da praça de Estremoz; podendo-se dizer do nosso general: Veni vidi vici, como de César.
Queria pôr aqui o rol dos prisioneiros, principalmente dos fidalgos; mas porque já estão em essa cidade o não faço. Só digo uma coisa, que é a melhor relação que se pode dar, e foi o que disse o Marquês a um nosso: que ficaram ao inimigo em Portugal passante de onze mil homens.
(pgs. 103-105)

Imagem: Equipamento defensivo de cavalaria, séc. XVII: capacete do tipo zischagge, couraça laminada sobre casaca de couro, braçais e manoplas. Pode ver-se, à esquerda, um estoque de cavalaria. Este equipamento raramente era usado de forma tão completa, excepto por oficiais superiores e generais ou por alguns militares das suas companhias de escolta. Foto de JPF, Musée Militaire des Invalides, Paris.

O cerco de Vila Viçosa (9 a 17 de Junho de 1665), segundo um manuscrito coevo – 2ª parte

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Vamos ao sítio. Entrados que foram os inimigos naquela madrugada, amanhecendo para 10 de Junho começava a nossa artilharia a jogar dos primeiros e últimos baluartes e a mosqueteria a jogar da estacada. Dois dias pelejou o terço de Don Rodrigo Moxica sem se querer render, até se não render a fortaleza como tinham gerado. Não tinha ainda disposta a artilharia, porque dizia não era necessária, porque los Españoles solo con los ojos sabian derribar los Castillos de Portugueses. Enfim houve de se render, porque viu a dificuldade da brabata. Seguiu-se o do Marquês de Liche, governado por um Fulano Barbosa, português; logo o de Angelo de Guzman, e assim os demais, por sua ordem, sem darem de sossego aos nosso. O intento do inimigo, conforme alcancei, era levar de caminho esta praça e abrasá-la, e dela caminhar a Valença, porque não levam em paciência os danos que os nossos ali lhe fazem; e assim lhe davam tanto calor, que era um perpétuo trovão a artilharia, por imaginar estar a fortaleza desapercebida; mas informado da gente que tinha, se bem por uma parte descoraçoavam, por outra diziam que já importava ao crédito do Marquês o levar a fortaleza ou perder toda a sua armada. Puseram a sua bateria de 4 meios canhões contra a Torre do Relógio, de onde os nossos lhe faziam algum dano; e contra outra torre, onde também estava outro sino, com que se dava o sinal à gente se recolher quando vinham as bombas. Ambos estes sinos se fizeram em pedaços, mas isto se remediou depois com a campaínha de Nossa Senhora dos Remédios. A 2ª bateria se pôs na travessa que sai do terreiro de Santo António contra o canto do muro velho, para nos proibir o passo do Concelho que ali ficava dentro. A 3ª bateria , que era de bombas [ou seja, de morteiros], puseram defronte da fortaleza.
Dia de Santo António, 13, não tinham dado avançada alguma de escala vista. Veio-lhe notícia que alguns batalhões de cavalaria nossa vieram a Borba lançar uns batalhões seus que aí andavam, a qual foi recolher o seu mesmo general. Então se reforçou mais a bateria e se multiplicou mais a gente contra a estacada; mas ela como dantes, sem um pau menos. Servia no mesmo tempo a cavalaria com faxina, porque sendo a infantaria pouca, o medo era muito e queriam render o castelo antes que chegasse o nosso exército. Às Avé Marias deste dia houve cessão [cessação] de armas por espaço de meia hora e foi um bolantim que mandaram aos nossos que se rendessem, senão lhe dariam uma avançada real, como se fez, dando-se princípio à mais horrenda noite que imaginar-se pode. Estando os inimigos com faxina à queima-roupa, foram-se aproximando mais à estacada, mas os nossos se desfaziam em fogo com muitas panelas de pólvora, montantes, pés de cabra, que lhe lançavam, até que finalmente lhe pegaram fogo aos aproxes, de tal sorte que nunca mais se pôde apagar, com que se lhe desfez o trabalho daqueles dias, porque era o dia mui claro e ardia ainda o fogo. Em esta noite perdeu o inimigo alguns duzentos homens, mas outros tratando sobre o mesmo caso disseram foram mais de 450 os mortos.
Aos 15 pela manhã vimos que, com um trabalho insano, iam coroando todos os montes de baluartes em roda da porta de Juromenha até o outeiro da Mina, até à porta  de Borba. Os ataques, vendo que lhe não sucedera avançada, se foram cobrindo de terra até junto da estacada, sem os nossos os poderem impedir, nem descobrir. Mas nem eles nem nós cessávamos com a bateria, por onde se descobria gente. Pelas 10 do dia se deu novo avanço, assim à parte da muralha velha como à brecha que já tinha o canto do paço do Concelho. Começaram os artifícios de fogo como se até então os não houvesse, que durou por espaço de meia hora até que, cansados ou desesperando, os castelhanos afrouxaram alguma coisa. Chegada a noite se começou a refrescar a peleja e cometendo o diamante da praça, os Espanhóis mandaram aos Alemães que se fosse também chegando ao que corresponde ao convento da Esperança, e assim se foram chegando aquela noite, não obstante o muito fogo que lhe lançavam os nossos, que por ser o vento contrário, não pôde arder a faxina; assim pela manhã apareceram em distância de uma pequena lança da estacada, com que os nossos lhe tiravam já pedradas à mão sinta. Os feridos desta noite foram muitos, morreram-lhe 7 capitães, dos soldados se não sabe, mas foram muitos. (pgs. 101-103)

Imagem: Fecho de mecha de mosquete (pormenor). Foto de JPF, Musée Militaire des Invalides, Paris.

O cerco de Vila Viçosa (9 a 17 de Junho de 1665), segundo um manuscrito coevo – 1ª parte

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Existem pelo menos três narrativas sobre o cerco que o Marquês de Caracena pôs a Vila Viçosa, entre 9 e 17 de Junho de 1665, o qual antecedeu e foi causa da batalha de Montes Claros. A mais completa está incluída na Relación Verdadera, y Pontual, de la Gloriosissima Victoria que en la famosa batalla de Montes Claros alcançò el Exercito delRey de Portugal (…) (Lisboa, Oficina de Henrique Valente de Oliveira, 1665). Outra, bastante detalhada, encontra-se num manuscrito da Biblioteca Nacional de Lisboa (FG 8998, fls. 208-230 v), tendo sido publicada por Horácio Madureira dos Santos na sua obra Cartas e outros documentos da época da Guerra da Aclamação (Lisboa, Estado-Maior do Exército, 1973, pgs. 117-150). Outra ainda, que foi transcrita por Cristóvão Aires de Magalhães Sepúlveda na História Orgânica e Política do Exército Português – Provas, vol. II, pgs. 99-105, é referida pelo autor como um manuscrito encontrado no British Museum (Mss. Port. Add. 20. 953-7, fl. 238 – Relação do Sítio que o Marquês de Caracena pôs a Corte de Vila Viçosa), mas que se trata muito provavelmente de uma cópia de um outro manuscrito, este existente na Biblioteca da Universidade de Coimbra (Descrição do Cerco de Vila Viçosa em 1665), e de que Belisário Pimenta apresenta breve referência no “Catálogo e sumário dos documentos de carácter militar existentes nos mss. da Biblioteca da Universidade de Coimbra”, sob o nº 490 (Boletim do Arquivo Histórico Militar, vol. VII, 1937, pgs. 139-140). Pelo conteúdo, aparenta ser uma carta redigida por um clérigo de Vila Viçosa, dirigida a um outro eclesiástico de Évora, dando um testemunho pessoal dos incidentes do cerco.
É a transcrição de Cristóvão Aires, ligeiramente corrigida nos pequenos erros detectados, que aqui se reproduz, vertida para português actual. Deixo aqui os meus agradecimentos ao estimado amigo Julían Gracia Blanco, que me tem dado preciosas informações a respeito deste assunto.

Relação do Sítio que o Marquês de Caracena pôs à Corte de Vila Viçosa
Aos 4 deste mês de Junho se passou a Castela o capitão de cavalos Luís de Póvoas, residente nesta praça de Vila Viçosa, suspeitando-se daria aviso do estado dela; logo aos 5 vieram os senhores generais à vila, e em primiero lugar tomar a benção à Senhora da Conceição. Partiram-se da praça e logo veio aqui anoitecer um terço do sr. Conde de S. João com um mestre de campo muito valente e experimentado, muita soma de pólvora, porque ainda que cá estava muita, perdia-se pouca em que sobejasse. Ficou a fortaleza com 2 terços pagos e um de auxiliares, muita gente da ordenança da terra, principalmente os espingardeiros, que foram os que muito dano fizeram ao inimigo.
Aos 6 começou a abalar o exército inimigo com tão grande pressa, que dormindo aos 7 em a terra de Segura, aos 8 ao meio-dia o vimos já vir descendo os outeiros da Atalaia dos Sapateiros, em demanda da fonte e tanque que ali está para beberem os cavalos. D. João da Silva, que sempre lhe andou à vista, tendo-lhes entulhado a fonte e desfeito o tanque, os obrigou a continuar a marcha, vindo no mesmo dia dormir a Alcaraviça e logo se partiu desta praça, conforme a ordem que tinham. O tenente-general D. Luís da Costa com o seu terço de cavalaria comboiando as carretas de El-Rei, que aqui andavam trabalhando, carregadas de fato e mais fazenda, que ainda restava para retirar da praça; após ele se partiu a mais cavalaria, com os comissários João do Crato e António Coelho de Góis. Aos 8 se deu rebate, que estava o inimigo em Borba queimando e assolando tudo; de Borba fez frente para Sousel. Tivemos logo aviso de sua resolução, dizendo marchava para Portalegre, e em efeito partiu um oficial de artilharia de aqui a toda a pressa, mas o inimigo, voltando de repente sobre nós, ao meio-dia andava já connosco de pelouradas. Guarneceram os nossos as trincheiras da vila até o Forte de S. Bento principiado, não para resistir, mas para quebrar o ímpeto primeiro da cavalaria. Carregou-se esta sobre a porta dos Nós com tanta temeridade como quem vinha de Borba, de tal maneira que, ficando descobertos aos do forte de S. Bento e à queima-roupa da trincheira, saíram com os mosqueteiros e não se queriam retirar. Confessaram alguns castelhanos que perderam ali até 50 homens, outros dizem que foram 70. Já vinha descobrindo o mais restante da cavalaria parte pelo outeiro da Mina, parte pelas vinhas e olivais da parte de Évora, em demanda do Reguengo de toda aquela campina de olivais.
Cerrada a noite se retiraram os nossos à fortaleza e os de S. Bento, porque seria fácil acostá-los o inimigo por terem pouca defensa, ficando na vila só os religiosos e algumas mulheres graves, que se tinham recolhido em os conventos das freiras, e deixaram as portas da vila fechadas e empedradads de pedra solta.

Pelas duas horas da madrugada, amanhecendo para o 10 entrou o inimigo bem a medo pela porta do Carrascal, e abrindo brecha na porta do corredor da casa dos Padres da Companhia, que estava fechada de ladrilho, por onde entrou uma manga de mosqueteiros com um sargento-mor do terço de Don Rodrigo Mochigua; este achou aos Padres postos na igreja com o Senhor exposto. Logo segurou-lhe não havia de fazer mal, e buscou toda a casa com medo se havia gente dentro, e os soldados lhe levaram todo o pão que tinham, dizendo havia 3 dias que não comiam. Aclarou o dia, e tendo já minadas as casas para a fortaleza começaram a pelejar, de sorte que logo diremos. Arderam muitas casas grandes, quebrando portas e janelas, arruinando-se os edifícios. Tudo nadava em vinho e azeite e mel, que por muito não se pôde retirar de todo. Não havia coisa que não fizessem em pedaços as nações estrangeiras, o que atalharam os castelhanos. Passou finalmente o incêndio, mas não cessou a mina, porque com grande inumanidade, chegou aos templos sagrados, como experimentaram os religiosos de São Paulo, tendo pedido guardas. Mas tiveram tão pouca ventura, que lhos deram de estrangeiros, e guardavam-nos de maneira que, não deixando roubar os outros, eles só lhes roubaram tudo; roubaram as celas e camas e arruinaram a livraria; despiram os altares, sacristia e todas as mais oficinas, sem deixarem coisa em que se pudesse pôr os olhos, senão que com advertência de um religioso, que acudiu logo, a consumir o Senhor já aqui não chegou a impiedade. Contudo desapareceu o sacrário, os mausoléus de madeira do Sr. Duque D. Teodósio e do Sr. Alexandre, que ali estavam em depósito; fizeram em pedaços e quiseram levantar os sepulcros, para ver se tinham neles algum tesouro; afrontaram de palavras e ainda de obras alguns religiosos, foram estes fazer queixa ao Marquês; mas voltando se viram em novos perigos e assim se foram em comunidade agasalhar com os Padres da Companhia; aonde uns e outros passaram as fomes que costuma haver em cercos apertados, dormindo em o chão por lhe terem levado as camas; também as freiras da Esperança padeceram e essas porque as encontraram no coro, servindo-se do mais convento para pelejarem contra a fortaleza; roubaram as do que tinham dentro de algumas pessoas seculares e ainda do próprio e até das imagens. Os religiosos da Piedade do convento do Bosque, junto a Borba, com 28 clérigos, vieram todos presos por dizerem eram traidores, por darem sinal para que uns batalhões nossos lhe viessem degolar outros do castelhano que ali estavam. (pgs. 99-101)

(continua)

Imagem: planta de Vila Viçosa, em Planos, Guerra y Frontera. La Raya Luso-Extremeña en el Archivo Militar de Estocolmo (Isabel Testón Núñez, Carlos Sánchez Rubio e Rocío Sánchez Rubio, Junta de Extremadura, 2003).

A última campanha de Mateus Rodrigues – a reconquista de Mourão, Outubro-Novembro 1657 (6ª e última parte)

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Logo que Francisco Pacheco aceitou ficar na praça, mandou arrimar ao terço as armas e marcharam logo para dentro da praça em companhia do senhor Joane Mendes e mais senhores do governo (…). Assim como a nossa gente entrou (…), já o inimigo estava posto em via para marchar fora, com suas armas às costas e bala em boca e mecha calada, e a cavalaria, que eram 80 cavalos, começaram a ir saindo (…) da praça, a formar-se lá fora dela, até que fosse saindo as suas bagagens, que se andavam carregando dentro em cavalgaduras nossas, que lhe deram para isso até dentro de Olivença, que são de Mourão lá sete léguas.

(…) Foram marchando os castelhanos com a cavalaria diante e o seu governador e logo a infantaria atrás, onde iam muitos feridos, e já digo que seriam 300 homens com a cavalaria pouco mais ou menos. Em a praça deixavam enterrados alguns mortos, que sempre seriam mais de 30 homens, mas os feridos passavam de 40 homens.

Antes que este inimigo saísse da praça (…), marcharam todos os nossos terços e a cavalaria para junto da estrada por onde o inimigo havia de passar, para que visse o nosso poder, que no que toca à nossa infantaria, nunca houve reino que em campanha bote tão boa infantaria e toda de uma só nação, que se admiraram os castelhanos vendo tal gente.

Estavam os terços como digo em ala com as armas nas mãos em pé pela borda da estrada adiante, e no cabo deles toda a nossa cavalaria em batalhões formada, e tudo fazia comprimento de meia légua. Foi passando o inimigo ao pé da nossa gente e não se falava palavra de uma e outra parte. Ia diante deles também o senhor mestre de campo general André de Albuquerque [Ribafria] e o senhor Dom Sancho [Manuel] diante com o governador castelhano. E assim como este seu governador da praça foi passando pela nossa infantaria, ficou tão admirado que disse “Boto a Cristo que se El-Rei de Espanha houvera tal infantaria como é esta, que fora senhor de todo o mundo”. De modo que foram marchando até acabarem de passar por toda a nossa gente, e ali fizeram alto até que acabou de chegar toda a sua bagagem e logo mandaram eles de comboio a cem cavalos, a saber: a minha companhia e a do tenente-general Dinis de Melo, mas ele não foi lá, senão o seu tenente Manuel Dias Veloso, e o meu capitão Pedro César de Meneses por cabo das duas tropas. Lá fomos comboiando a este inimigo até um lugar despovoado chamado Cheles, que são três léguas de Mourão, e ali já estavam outros cem cavalos de Olivença, do inimigo, aguardando por eles, por se lhe haver já mandado aviso para que viesse em busca deles. Ali fez o meu capitão entrega do comboio que levava e despediu-se deles, porque naquele dia até noite havia trégua de posses para efeito de se recolher aquela gente. Marchando logo foi o inimigo para Olivença e nós nos voltámos para o nosso exército, chegando ao quartel quase à meia-noite e muito bem molhados, que todo aquele dia choveu muito. E ia o nosso exército muito enxovalhado por causa do tempo, que não pode haver inimigo mais contrário que o tempo.

Vendo o senhor Joane Mendes o estado em que estava a praça de Mourão, que uma ovelha entraria pela brecha que tinha, e muito desmantelada, não se quis abalar com o exército até que não o pusesse em via de defesa e ficar mais segura.

Logo Francisco Pacheco, que (…) ficou na guarnição da praça com o tenente e com mais gente que lhe deram e muitos pedreiros começaram bravamente a taparem a brecha do muro grande, que era o principal e mais conveniente para ficarem mais descansados, e tiveram tanto trabalho que mais de trinta noites dormiram ao pé da muralha vestidos e calçados, até que se acabou de tapar a brecha. E como esteve tapada, começaram então as mais obras necessárias, mas o senhor Joane Mendes [de Vasconcelos] não esteve na campanha mais de dois dias depois que o inimigo despejou, que mais tempo havia de estar se o tempo dera lugar, mas como havia rio de passar, que é Guadiana, não se podia fazer dilação da outra banda mais tempo do que se fez, porquanto o tempo se vinha chegando muito de chuva.

Aos trinta e um dias do dito Outubro se abalou o nosso exército para suas praças (…). Ficou Francisco Pacheco [Mascarenhas] (…) na guarnição da praça com 700 homens infantes, muito boa gente, e duas tropas de cavalo, e desde a hora que ele tomou entrega da praça, que foram 28 do dito Outubro, até à hora que me ausentei, que foram em 15 do mês de Abril de 658, ficava já a praça de Mourão em tal altura que o inimigo não tinha que vir buscar a ela (…). (MMR, pgs. 441-445).

Note-se que Mateus Rodrigues refere que se ausentou de Mourão a 30 de Março de 1658 (vide 5ª parte desta narrativa) e aqui data a sua partida em 15 de Abril do mesmo ano. A discrepância justifica-se pelo facto da segunda data se aplicar à retirada definitiva do Alentejo por parte do memorialista.

Imagem: Cena de batalha, gravura de Dirk Stoop.

A última campanha de Mateus Rodrigues – a reconquista de Mourão, Outubro-Novembro 1657 (5ª parte)

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Despedido o capitão castelhano da tenda do senhor Joane Mendes de Vasconcelos, foi à pressa a dar conta ao seu governador, e (…) sempre foi e veio por a brecha, e assim como ele subiu à brecha em cima da muralha, dali chamou ao governador (…). Resolvido o governador a aceitar [as capitulações], o tornou logo a mandar ao nosso exército, à tenda do senhor Joane Mendes (…).

Aceites de parte a parte os pactos, cessaram os rigores das armas, para alívio da gente, que na verdade nos servira de grande discómodo e perda se houvera mais dilação, porque nos vinha já perseguindo muito o rigor do tempo, que é o pior que pode ter um exército, porque uns de mal haver pedece pouco, que comer com mau tempo é mal dobrado.

Mandou logo o senhor Joane Mendes preparar um terço de infantaria e mandou chamar o mestre de campo dele, por nome Agostinho de Andrade [Freire]. (…) Havia ele de ficar com seu terço na praça, e com duas tropas de cavalo logo juntamente, nomeadas as do capitão João Ferreira da Cunha e a do capitão Diogo de Barros Freire, lhe encomendava a praça, pois ficava no estado em que a via.

Ora desgraçada foi esta parte para o tal mestre de campo, porque em lugar de rectificarem ao senhor Joane Mendes do caso que dele fazia naquela ocasião, em lhe encarregar uma praça de tanta honra, e aberta daquela maneira, parece deu razão dizendo havia mister mais gente e mais cavalaria e outras razões, e que o senhor Joane Mendes se houve por muito mal aceite dele, dando-lhe logo uma repreensão não muito boa, e mandando-o logo embora, que não queria que lá ficasse. Foi-se o tal mestre de campo com alguma paixão [ressentimento] e desgosto por suceder nele aquela tão ruim sorte.

Mandou logo chamar a outro mestre de campo, por nome Francisco Pacheco Mascarenhas, natural de Besteiros, soldado de 22 anos [aqui existe um erro da parte do memorialista, pois este capitão fora comandante da companhia de Mateus Rodrigues a partir de 1648 – o que significa que teria então 13 anos! Aliás, mais adiante se verá que este oficial era já um militar com muita experiência e tempo de serviço] com grande reputação no nosso exército, e pela ocasião de Mourão, um mês antes, passou ao posto de mestre de campo, e donde passou foi de capitão de cavalos couraças, que havia oito para nove anos que o era da minha companhia (…), e a este mestre de campo lhe haviam dado um terço novo, levantado a maior parte em Lisboa e em seu termo, de gente muito bisonha e de pouco préstimo, tirando os oficiais, e já neste tempo da campanha estava muito pequeno por lhe haverem fugido a maior parte deles.

Veio (…) este mestre de campo diante do senhor Joane Mendes e lhe pôs a mesma prática que havia feito ao outro, acerca dele ficar na praça, e ele lhe deu uma resposta que de Francisco Pacheco não se esperava menos, e com tanta graça e gosto aceitou a oferta, como que se lhe deram uma comenda, porque não o podia o senhor Joane Mendes mandar para parte nenhuma (…) que Francisco Pacheco rejeitasse, que é grande seu amigo o senhor Joane Mendes, pois foi no Brasil seu alferes antes deste Reino levantado. Louvou-lhe o senhor Joane Mendes muito o bom modo e graça com que aceitava o ficar na praça, que se muito por ele até ali havia feito, muito mais há-de fazer dali em diante. Que na verdade fez tão grande obra sua assistência em Mourão, que não me parece pudesse ficar lá pessoa alguma que em tão pouco tempo fizesse as obras que ele lá fez, até o tempo de 30 de Março de 658, que dela me ausentei. (MMR, pgs. 439-441).

Imagem: Muralha de Mourão na actualidade. Foto de JPF.

A última campanha de Mateus Rodrigues – a reconquista de Mourão, Outubro-Novembro 1657 (4ª parte)

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Os partidos [capitulações] pedidos pelo inimigo eram na maneira seguinte: que a praça se rendia, sendo servido o senhor Joane Mendes de lhe conceder levassem as duas tropas de cavalo que na praça estavam, e levassem todos o seu fato e bastimentos de Sua Majestade; e armas às costas e bala em boca e mecha calada, e que todos os portugueses que (…) lá houvessem ficado quando eles renderam a praça haviam de passar pelo partido de castelhanos, não se lhe fazendo agravo algum, e que querendo eles ficar outra vez na praça ficariam livres como de antes em suas fazendas, e se quisessem ir para Castela o poderiam fazer, e que poderia o seu governador levar uma peça de artilharia consigo, visto o privilégio de ser mestre de campo [o] concedia (…)

Representados estes partidos diante do senhor Joane Mendes de Vasconcelos e do senhor André de Albuquerque [Ribafria], mestre de campo general, e do senhor Dom Sancho Manuel, outrossim mestre de campo general, e do general da artilharia Afonso Furtado de Mendonça, começaram estes quatro senhores do governo, e juntos também alguns mestres de campo e outros oficiais maiores (…) para se deferir, a isto não constava o consentimento, em primeiro lugar do governador das armas e os dos mestres de campo generais, e nestes senhores consistia o deferir-se os partidos. Logo Dom Sancho respondeu que não havia lugar de consertos, pois eles tinham a muralha rota, de modo que se podia entrar nela batalhões de gente e debaixo da sua mosqueteria e com uma mina feita que havia de voar muita parte da muralha por onde pudessem avançar livremente, e que não largavam 80 ou 100 cavalos que lá estavam por coisa alguma; enfim, que Dom Sancho não era de parecer lhe aceitassem partidos. O senhor Joane Mendes, como mais experimentado e visto nestas coisas, e lhe parecer que sempre deferir ao inimigo os seus partidos é razão de Estado e o permite a guerra, agora o serem como eles os pedissem ou não, aí está o ponto. Contudo, respondendo o senhor Joane Mendes (…) que no tocante ao seu governador levar peça alguma, que nisso não consentia, nem tão pouco levarem nenhum género de mantimento, nem de munições d’El-Rei, nem coisa alguma, salvo o seu fato e bagagem de suas pessoas, que para levarem lhe daria todas quantas cavalgaduras eles houvessem mister até dentro de Olivença. (MMR, pgs. 436-438).

 

Imagem: “A capitulação”, de Jan Steen.